¡BIENVENIDOS COMPAÑEROS DEL METAL DE NUEVO A MI BLOG!
Espero que os esté yendo muy bien aunque el tiempo no acompañe estos días. Tan sólo deciros que escribo esto después de volver de pasear a mi perro y una ráfaga de viento casi nos manda a Fuengirola, como mínimo.
Hoy os quiero revelar algo que ocurrió, no estoy orgullosa pero ocurrió. Hubo un tiempo en el que yo tenía más o menos el mismo coeficiente intelectual que Karmele Marchante y me gustaban cosas de las que ahora me avergüenzo. Para que os hagáis una idea, esa época corresponde a cuando ni siquiera pensaba en la historia de mi libro, ni en escribir ni en hacer nada de provecho.
Todo se remonta a cuando tenía unos 10 años y lo que más hacía en mi día a día era aprobar las asignaturas del colegio (no sé ni cómo, porque no estudiaba) y ver Youtube. Sí, ese era el momento en el que todos los niños rata queríamos ser youtubers, cuando todavía no estaba ni tan mal visto. Me acuerdo de ponerme muchos vídeos de ElRichMC, que subía contenido sobre el Minecraft, pero el que se lleva la joya de la corona es mi paisano, TheGrefg, al que yo empecé a ver cuando tenía unos 100.000 seguidores. Ahora su canal de Youtube cuenta con más de 18 millones. Se puede decir que yo fui una de las primeras fans de TheGrefg y, si os soy sincera, me quedé con ganas de conocerlo en persona cuando todavía no se había vendido a la moda del Clash Royale y de otros juegos ridículos como el jodido Fortnite.
Pues conforme pasó el tiempo, yo no sé qué me pasó ni con qué gente me junté, pero resulta que un buen día me puse a escuchar reggaeton mierdoso incluso si ni siquiera me gustaba. Me acuerdo que salió la canción de J Balvin tan famosa que dice "Si nesesita reguetón, dale" en un español horriblemente pronunciado y con una lírica digna de Quevedo. Pero no el del siglo de Oro. Pues entonces creo que todo eso me trastocó el cerebro y me puse a hacer cosas que daba qué pensar.
Me acuerdo que formé un grupo de música en el que hacía rap pero era todo horrible. La canción que menos daba asco era una en la que me metía con los políticos y decía que el gobierno era corrupto. En eso, llevaba razón, no me lo podéis negar. También escuchaba música decente, como Maroon 5 o Fall Out Boy, a los que mencioné en otra entrada. Ellos son más o menos lo único bueno que me llevé de esa época.
Otra de las cosas más cringe que hacía era ponerme gafas de sol y gorras para atrás cuando me iba al monte. De verdad, qué vergüenza. Recuerdo cabrearme porque mi hermano me instaba a que me quitase eso, porque sentía que estaba coartando mi libertad. Nada más lejos de la realidad. Lo único que él quería era hacer una buena acción por mí para que no fuese haciendo el ridículo por la calle. Ahora veo la verdad en sus palabras. Adivinad quién era mi referente en la moda. Pues sí, el jodido TheGrefg, que en vídeos se dedicaba a ir vestido así, como un completo subnormal.
De verdad, cómo podía yo pensar que esto estaba bien. No hombre, la cosa es que yo no pensaba.
Yo creo que lo que provocó todo esto es que me hicieron mucho bullying y de algún modo vestirme como mi ídolo (que vaya tela) hacía que mi poca autoestima saliera a flote de algún modo. No sé para qué, porque luego fue cuesta abajo y sin frenos.
Bueno, chicos, tras haber compartido este episodio denigrante de mi vida, me despido de todos vosotros. Esta vez ha sido una entrada un poco más corta porque son tantas las cosas que tengo que hacer durante el día que no consigo tener tiempo para escribir más en el blog.
En otras entradas nos veremos y esperemos reírnos más de los traumas, porque creo que es momento de dejar de llorar por las cosas malas que hemos hecho y tomarlas con una sonrisa. Todos tuvimos una época en la que dimos vergüenza ajena, ¿no? Seguramente cuando lea esto en unos 10 años, piense que ahora mismo estoy haciendo el ridículo.
En fin, gente, no lloréis mucho por mi ausencia y que tengáis todos una bonita noche. Hasta la próxima.
Más información:
Comentarios
Publicar un comentario